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| La platja de Gandia , la foguera, March, el temps que ens mira |
Entre els escrits pendents
de divulgar al llibre del professor (a l’internàutic, és clar) hi ha aquell
relat seductor i evocador (que ens va saber tocar el tendre, com em recordà VB,
els primers dies de setembre, encara desarmats com a docents) sobre un
professor de literatura en un moment crucial i vital, que Manuel Vicent va
publicar en un moment oportú i que de fa temps que he volgut fer-vos conèixer.
Precisament, en la vesprada de hui hem parlat a classe, amb un alumnat ben
curtit, de la descoberta adolescent que circula pel Tramvia a la Malvarosa i, en tornar a la nit, he escoltat la veu de Manuel Vicent al
Café de la República, conversant amb Joan Barril.
Tot
indica que ha arribat el moment de deixar-vos l’inici del relat per tal que el
llegiu i us interesseu per ell. O, millor encara, per completar la consigna
literària: “continua la història afegint unes línies que la completen i li
donen un final”.
El manantial de la
eterna juventud que buscaba Ponce de León en Florida, en 1513, brotaba cada
mañana a los pies de este profesor de instituto. Aquel descubridor español
buscaba esa fuente mítica, de la que había oído hablar a unos indios de Puerto
Rico y arriesgó su vida en esa aventura pese a que él mismo era entonces un
joven resplandeciente todavía; en cambio, este profesor de literatura tenía
motivos para sentirse angustiado por la edad, puesto que estaba a punto de
jubilarse. Había dado clases durante 40 años a alumnos adolescentes que se
renovaban cada curso, chicos y chicas siempre idénticos, siempre distintos,
cuyos cuerpos fluían como agua limpia y turbulenta en el patio, en los
pasillos, en las aulas. Después de 40 años de profesión solo recordaba algunos
nombres de alumnas privilegiadas, algunas por su talento, otras por su belleza,
a todos por ese salvajismo de estar vivos. El profesor se bañaba todas las
mañanas en ese río. Era el único que envejecía expuesto encima de la tarima a
la vista de todos. Llegó un momento en que vivir al borde de ese manantial de
la eterna juventud sin poder calmar la sed se había convertido en un tormento
insoportable.
Según las ordenanzas
del centro, el profesor debía dejar siempre la puerta abierta de su despacho cuando
entrara alguien a hacerle una consulta. Por su parte había decidido no quedarse
nunca a solas en el aula con una alumna rezagada, desde aquel día en que una
adolescente de 16 años se le acercó abrazada al cartapacio y le hizo una
pregunta inquietante después de una clase sobre Petrarca: “Yo también me llamo
Laura, como la amante del poeta ¿qué serías capaz de hacer por amor, tú que
tanto hablas?”. El profesor tenía entonces 30 años. Esta vez huyó saltando por
encima de varios pupitres, pero era muy arduo soportar cada día las miradas
morbosas, la inocencia provocativa de las alumnas que se sentaban en primera
fila cuyos cuerpos eran explosivos. En primavera, cuando la naturaleza
reventaba por las costuras el profesor volvía a casa con una depresión lírica,
que a veces le impulsaba a cometer una locura.
La tarima del aula
tenía medio metro escaso de altura, pero le parecía alta como un acantilado que
conducía al abismo. Cada año, un año más viejo, al pie del manantial que seguía
brotando con nuevos cuerpos siempre frescos, cada vez más altos, más fuertes,
más turbios, más alegres, según el azar social de cada época a lo largo de
cuatro décadas de enseñanza.
(Ho deixem ací. Si
voleu saber com acaba, podeu trobar el text complet, titulat “Lo que siempre
quisieras oir”, a la contraportada d’El
País del 2-IX-2012).

"el que un és no ha de dir-ho", de la mateixa màxima m'alertava vosté a ca Poldo. Entre coeters i llauradors ningú havia de sospitar que estaven davant d'un home de lletres. "no vull que ho sàpien; deixarien de parlar-me en dialectal..." El professor manté les distàncies i es resguarda en l'entusiasme.
ResponEliminaNo sé si ho diré o no, però jo de major vull ser poeta com ho és vosté.
Salutacions sunionianes
SIC
A Ca Poldo de Benissanó van ser revelades veritats que ens han acompanyat durant mesos. Profecies que s’han acomplert. Savieses mai no trobades en cap lloc més. Evocacions del passat (la narració del pas dels collidors saforencs pel Camp de Túria era d’antologia etnolingüística) . I, com que no teníem càmera, haguérem de guardar totes les imatges gravades a la memòria. I les paraules, vosté les ha reproduït com un bon deixeble, amb fe evangèlica. Vosté no ha d’esperar a ser major, és ja un poeta. Amb els adjectius papassetians.
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